Se encontraban todos
tendidos en el sofá observando las amarillas irregularidades del fuego. En el
aire aún retumbaba la esencia del estofado anteriormente devorado. Los
chasquidos de las llamas eran perturbados momentáneamente por el crujir de la
nieve que acariciaba los cristales cubriéndolos.
Los anfitriones, del mismo
modo que el resto de invitados, escuchaban atentamente las palabras del mas
grande, Mocèn Vilasis, quién contaba distintas anécdotas de sus alumnos,
escudriñadas minuciosamente por el público. Ésa que parecía una velada tranquila en la natura de Alpens,
cambió radicalmente por el comensal inesperado. Que no tardó en llegar. De hecho,
su aparición fue fácilmente confundible con un trueno que estalla en medio de
la noche.
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