divendres, 28 de setembre del 2012

Extrañando el Final


Aunque por muchas sospechas, pareciese imposible; por más que hubiera la pequeña posibilidad de que los sucesos de años anteriores no se repitiesen; por mucho que los tatuajes de patatas fritas se mostrasen inacabables; aunque los rasguños de las rodillas comenzasen a ser algo cotidiano, las fechas fueron haciendo evidente que el verano terminaba.

Dejar atrás los días de inactividad total, en que se adoptaba el pijama como segunda piel y la cama como único hábitat natural con, a veces, la excepción del sofá, actuando en los casos de mayor actividad física como planta interior, o peor, como hongo de las sábanas, no iba a ser fácil. 

Del mismo modo que no lo iba a ser, abandonar las largas excursiones mañaneras de recorrido dudoso observadas íntegramente por un sol de bruces. O carecer de las ya habituales pasas en los dedos clorosos.
Era evidente que todo esto iba a ser extrañado.

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