diumenge, 28 d’octubre del 2012

Derramando Luz


El hedor de alcohol se extendía bastamente por la habitación. Tumbada en el suelo aceptó su fracaso en intentar ahogar el recuerdo de ese día. La luna que se derramaba en el suelo, sólo reforzaba las imágenes que aún retumbaban en su retina, de los clientes tan fogosamente alterados.
Recordó su despavorida primera vez, dónde los nervios y el horror sucumbieron su autocontrol. Se acordó también, de la cara de su primer cliente y, estremeciéndose, colmó la enésima copa.
Apercibió que la agitación del día había corrido su obligado maquillaje, dibujando así, negras lagrimas en su mejilla. Se limpió la cara con las manos y las frotó en la ajustada falda, fue esa parte de su uniforme, que la hizo pensar sobre muchas cosas: su inexistente vida social, el desprecio que recibía y, sobretodo de su inmundo trabajo.
El reloj de madera latía inexorablemente, eran casi las cuatro y se asombró de lo poco que esto le sorprendía. Hábilmente se sacó sus zapatos de talón rojos de una patada.     
Exhaló el último cigarro del paquete y prendió una decisión, debía cambiar radicalmente de vida, aún era joven. Lo primero y más importante: tenía que dejar su oficio. No era su vocación ser abogada.   

dilluns, 8 d’octubre del 2012

2. El armado estruendo

Los susurros de sus sombras transcurrieron por encima de la nieve sin provocar ninguna sospecha. El estruendo llegó una vez encarados: golpearon brutalmente la robusta puerta de roble que blindaba la masía y que no tardó en ceder. Llenando la cámara de gritos e insultos, la veintena de maquis empezaron su propia cena. Los presentes, aterrorizados, no ofrecieron resistencia alguna.
Los asaltantes, conociendo su cometido, fueron hacia el objetivo y vilmente dispararon a todo el mundo sin piedad. El mas anciano, fue el último en morir, el osado Mocèn Vilasis, quien se metió debajo del sofá justo antes de que se despidiese la bala a través del cañón de la escopeta maqui. Aguardando así un pequeño tiempo antes del impacto en el cráneo del director.

diumenge, 7 d’octubre del 2012

1.El comensal inesperado


Se encontraban todos tendidos en el sofá observando las amarillas irregularidades del fuego. En el aire aún retumbaba la esencia del estofado anteriormente devorado. Los chasquidos de las llamas eran perturbados momentáneamente por el crujir de la nieve que acariciaba los cristales cubriéndolos.
Los anfitriones, del mismo modo que el resto de invitados, escuchaban atentamente las palabras del mas grande, Mocèn Vilasis, quién contaba distintas anécdotas de sus alumnos, escudriñadas minuciosamente por el público. Ésa que parecía  una velada tranquila en la natura de Alpens, cambió radicalmente por el comensal inesperado. Que no tardó en llegar. De hecho, su aparición fue fácilmente confundible con un trueno que estalla en medio de la noche.